De cualquier edad... con la estatura suficiente... del sexo más lindo... con el vivir por hobie... la escritura, el baile, la música y el chocolate como pasiones... con dos retoños de premio y luz... al Norte del Sur... en un lugar en el tiempo y la distancia... siempre incondicional... eterna... siempre de mueca.
Champagne... Merecido en la victoria... Necesario en la derrota.
Sólo para amigos... para los que gustan de leer... para quienes disfrutan de poemas...para los que como yo sueñan...para los que mantienen la sonrisa...y conjugan a solas las lágrimas...para los que quiero...y los que me quieren...para ti... sobre todo para ti...
El verde se levanta sobre el amplio horizonte, imponente sobre las sierras que una vez le dieran vida y en las que suele sumergir su contento… proyectan su esencia… y de lado asoma su figura este bello ser.
Sus manos... una, sobre el humilde alazán azabache, otra, sobre el báculo, combinan limpiamente imagen recia con tierna expresión... muestra la gentileza de ese ser que conozco, aunque nunca nuestros ojos se hayan encontrado.
Mirada serena y suave brinda al potro, en cómplice saludo de goce ante la caricia bondadosa… el deleite se dispersa en su silueta... la placidez de su rostro produce deseos de ser protagonista de esa mira… algún día en feliz encuentro esos ojos miraré.
ante una luz de vela adormecida -electricidad revolucionaria de permiso- y me percato de incertidumbres, en todos en todo en pensamiento agitación caricia olfato…
Incertidumbre en que lo único cierto y constante es un suspiro un suspiro que pregunta por ti por tu haber por tu paso... suspiro despojado de deseo cargado de nostalgia… indefectiblemente esta huella esta tu huella…
Tu huella de algodón seco de olor a imprenta diluida en sepias imperceptible salobre una vez anidada en pecho y garganta, hoy pensamiento quedo que evoca, sin luces de feria o licores amargos sin esquizofrénicos baladros sin risas de festejo infantil sin piel ni tacto sólo queda…
Como cera de vela que ganando nuevas formas cada vez asoma signos parvos que desaparecen del todo en el ardor mayor del último gemido en el triste suicidio de su cuesta abajo.